Ella nunca estará.

5 de octubre de 2017


Eli se ha vuelto a poner malita. De repente ayer
de madrugada vomito toda la cena en la cuna, en la ada (su mantita), en el suelo... había una pota monumental. Perdón por ser tan grafica. Nos pusimos manos a la obra. Papá con la peque a la bañera y yo a recoger el tema... me había tomado un frenadol hacía unas horas y estaba zombi pero aun así me entraron ganas de vomitar a mi también. La primera vez que Eli vomitaba de esa manera. Mientras iba recogiendo el estropicio, pensaba en que la noche iba a ser larga. Tenía la pequeña esperanza de que solo hubiera sido un corte de digestión pero no. La segunda vez echo el agua que nos había pedido. Y ya tomé la decisión de trasladarme a su habitación. El ritual de cuando se pone malita estaba activado. Al papel higiénico y al termómetro se unieron el vasito de agua, papel de cocina y una ensaladera para los próximos vómitos. Puse a la peque a mi lado en la cama de noventa e intentamos dormir. 3 veces tuvimos que utilizar la ensaladera que hacia las veces de palangana. Mi pequeña ya solo echaba bilis. Aunque se quejaba, pudimos dormir de tanto en tanto. A las 3 de la mañana viendo el panorama llame al contestador del centro de salud y me dieron cita para hoy mismo a las 10 de la mañana. 
He llamado al cole, desayunado,  preparado la bolsa con pañales, toallitas, ropa de recambio, agua y un babero de esos gigantes por si acaso.

A las 9 se ha despertado con caca blanda... ufff. La he cambiado y vestido. Después la he ofrecido algo que sabía que podría gustarle. Pavo. Se ha comido la mitad de la loncha. Como me ha parecido poco y llevaba muchas horas sin comer nada le he preguntado si quería leche y me ha dicho que si. Se ha tomado un cuarto del biberón. 

La he cogido y al medico. Cuando salgo del coche apurada de tiempo, habiendo cargado el carro con todos los archiperres, me doy cuenta de que la llave de mi coche no funciona. Mierda. Y ahora como cierro el coche. He empezado a hablar en arameo, acordándome de mi mala suerte... al final, he llamado al papá y me ha iluminado: "cierra con la llave manualmente" ok.
En el medico nos ha atendido otra pediatra... me ha recetado suero. Que no coma nada más en todo el día que eso. Vale. ¿Y si no lo quiere? Pues dale agua, que esté hidratada. Genial. 

Vuelta al coche con la niña, el carro, la mochila, la bolsa de recambio... ¡Y el coche se había quedado abierto! ¡WTF! Solo se había cerrado la puerta del conductor. Mi no entender... he llamado otra vez al padre. "No te preocupes, ya lo arreglaremos" 
Llego a la farmacia y compro el suero. Y como veo que Eli esta bien y retiene el desayuno, me envalentono y me voy hacer la compra de la semana. Quería quitármelo de encima cuanto antes. Cuando hemos llegado al súper, la peque ha vomitado el desayuno al lado de los carros. Que guay. La he tranquilizado. Me he organizado y he seguido adelante con mi propósito. He hecho la compra en tiempo record.

He llegado a casa, he recogido compra y cocina, he hecho las camas, barrido, fregado platos... mientras intentaba darle el suero a la peque de poco en poco como me habían indicado. 
He llamado a mi madre. Y como no cogía el teléfono (nunca está cuando la llamo) la he dejado un mensaje diciéndole que hoy no podíamos quedar por la tarde, por que la niña estaba mala. 
Hace tiempo, meses, que no la veo. La semana pasada, la eché de menos por primera vez en años. Necesitaba ayuda. Necesitaba su ayuda.  Me abrí a ella de nuevo. Y está semana me decidí a darle otra oportunidad para intentar algo, otra vez. Pero cuando la he necesitado no estaba. Nunca está.
Así que cuelgo. Respiro hondo. Miro a mi hija. Y pienso: "Mientras yo este en este mundo nunca te voy a dejar sola" 

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