Perdida.

13 de Febrero de 2018
No he pegado ojo. He dormido fatal... toda la noche pensando en el día de ayer. Que no fue para tanto o para mí sí, no lo sé. Desde fuera se ven las cosas diferente, claro está. Y aunque ayer pensaba que hoy lo vería distinto me sigo sintiendo mal.
Ayer me sentí fatal cuando fui a recoger a la peque al cole. Impotente, bloqueada y tonta por no decir más adjetivos que sonarían bastante mal.

No sé si ya lo he contado en algún post, pero Eli tiene un apego enorme a su mantita. Ella nunca uso chupete. Siempre lo escupía. En su lugar se encariñó a su nita, que con todo el amor del mundo le confeccioné, estando embaraza. Me parecía tierno que tuviese algo mío desde bien chiquitina. Ese objeto tan dulce y querido, tan manoseado y deshecho se ha convertido en un instrumento nocivo. En realidad, lleva tiempo siendo un tormento porque desde hace muchísimo es la mayor adicción de mi hija. No puede hacer nada sin tener a su Ada en las manos como ella le llama. Cuando empezó en la escuela decidí dársela siempre que la pedía ya que lo estaba pasando mal con la adaptación al cole, pensé que sería bueno para superar el cambio tan grande que supone la ida al cole.

En principio estaba hecha para que tuviese mi olor cerca cuando se durmiera, para que le diera seguridad, cuando era más bebé. Después se convirtió en un juguete y finalmente fue una extremidad más de la peque.

Empezó a pedirla cuando se frustraba, cuando se encontraba mal, cuando se quedaba en su hamaquita, para comer (por qué no quería) para merendar, para bañarse... siempre debíamos tenerla cerca. Si no era así la niña pillaba un berrinche descomunal. Nos parecía tierno y bonito ese apego, nunca fue un obstáculo hasta que también empezó a pedirla para ir a la calle o ir al parque. Si se nos olvidaba... teníamos paseo con gritos y lloros por su Ada. Alguna vez la hemos perdido momentáneamente por el camino cuando íbamos a cualquier lado y el corazón nos daba un vuelco del miedo a la reacción de Eli. Como cuando perdí sin querer a Nino... y luego volvió misteriosamente... pero esa es otra historia.

Llegó un momento en que me preocupé de verdad porque no hacía nada sin la Ada. No jugaba. Literalmente se sentaba en el suelo y miraba al vacío. Solo tocaba su lazo marrón, se movía un poquito se volvía a sentar y así pasaba las tardes (a pesar de intentar que jugara conmigo u otras cosas). Así que fue la primera vez que reflexioné en serio con los tiempos que la peque tenía la mantita. Comencé un tira y afloja en el que el objeto tan tierno se convirtió en un utensilio para intentar cambiar la conducta de mi hija. "Si no comes te la quito" "si no dejas de llorar no la tendrás" y así fue como la Ada comenzó a tener una vida que no era la suya.
"¡Siempre esta con la nita!" oía y los pensamientos que me provocaban malestar empezaban a estar más presentes. “Debo quitársela” “Tiene mucha dependencia” “¡No puede hacer nada sin ella!” “No es normal" … y así estuve con ese ni contigo ni sin ti, hasta que empezó el cole y volví a ser empática con mi hija. Lo estaba pasando mal. Volví a ser flexible. Y dejé a la niña en paz. Empecé a ver normal todo esto. Que montara el pollo cuando no la tenía, yo misma al ir corriendo a buscarla, mi marido igual... todos.

Cuando entró en el cole, no lleve la mantita. No mencioné para nada ese apego que Eli poseía hacia ese objeto… Si no le generaba la necesidad de tenerla allí consigo, lo vería normal y acabaría aceptándolo. Eso pensaba... ¿me equivoque? No lo sé.
Lo pasamos mal, pero no me la pedía cuando iba a buscarla. Se ponía contenta cuando llegábamos a casa y la encontraba en su cuna. Estuvimos así un tiempo, pero a día de hoy, mi hija sigue llorando desconsolada a la salida del cole, tiene mucha ansiedad de ver a otros papás que van a buscar a los amigos y yo no estoy ahí la primera... (cosa que me es imposible, si solo tengo esas 4 horas). Como no sabía qué hacer, le llevaba su mantita para calmarla cuando me viera y poder intercambiar tres frases con M sin gritos.

Un día la profe me pregunto si podría dejar la mantita en el casillero para que ella pudiera dársela a la salida cuando empezaran a llegar los padres y así encontrara consuelo y no se pusiera tan nerviosa esperándome. Acepte y desde hace semanas lo hacemos así, pero claro la mantita se mancha. Eli la tira al suelo, se arrastra con ella, o la mancha de comida sin querer... así que los lunes pongo una lavadora con su ropa y la lavo. Evidentemente, ese día no puedo dejarla en el casillero, así que desde que se levanta anticipo a la peque lo que va a ocurrir: "La Ada hoy tiene que lavarse, Eli. Cuando mamá lava la Ada, se moja y no puedes tenerla mojada. Cuando vaya a buscarte a la salida, te la llevo." Y la niña se quedaba conforme. Lo entendía y no la pedía, también porque M. se lo explicaba. Pero ayer no sirvió de nada, ni explicaciones, ni abrazos, ni consuelo.

Cuando llegué, varias madres y una abuela metomentodo a las que agradezco de corazón sus comentarios (nótese la ironía) me avisaron de que mi hija tenía un disgusto tremendo. "¿Cuándo no?" conteste resignada... "¡pero es que no veas como se ha puesto!" me dice otra. "Si me lo puedo imaginar" volví a contestar ya, avergonzada (La conozco, es mi hija ¬¬)
Entre y la vi con la cara roja. Llena de mocos... le di su Ada. Y para completar mi sentimiento de mala madre absoluta, M comento "claro... como la estabas lavando" y le dijo a Eli "cariño, la Ada, tiene que lavarse para estar limpia, como cuando tú te bañas". Me quede bloqueada. Solo acerté a contestar... "lo mismo tengo que hacerle otra..." Y a M le pareció una buenísima idea. Claro, por supuesto. Como no...

Otra madre dentro del aula, me miraba con pena. En sus ojos vi compasión por la niña. Y un brillo de crítica hacia mí. La mala madre que no ha dejado la mantita en el casillero y permite que su hija se ponga en ese estado, haciendo que los demás niños se solivianten... ¡MALA MADRE!

Eso pensaba mientras ponía el abrigo y la bufanda a la niña.

Después, la cosa empeoró. Sali del colegio llena de ira y de vergüenza. Le iba diciendo a la peque por el camino, que la Ada, ya no iba a estar con ella. Que me había hecho sentir muy mal. Que ya le había explicado por la mañana que mamá se la iba a llevar... En el coche se la quité. Lloró mucho. Y después se tranquilizó. Cuando llegamos a casa ella esperaba que se la devolviera, pero le volví a explicar que su juguete era para dormir. Se cabreó, como es normal. Y yo rabiosa, se la guarde. Le puse dibujos y se quedó tranquila. Comió sin la mantita (sin problemas) y se la devolví para la siesta.
Con tanta ira, culpa y vergüenza... me dije a mi misma que ese juguete ya no me la iba a liar más. Empezaría ese mismo día a "desintoxicar" a mi hija de esa adicción tan potente. Cuando fue la hora de levantarla, le explique que la Ada se iba a quedar en la cuna. Ella acepto sin oposición y merendó perfectamente sin escándalos. La cosa iba bien... pero llegaron las 7, cansada, con sueño, yo intentando estudiar y su padre con ella... comenzó a pedirla. Otra rabieta. Salí de la habitación e intenté convencerla de que debía jugar con papá, que yo tenía que estudiar, y que después de bañarla le daríamos su mantita. Me pidió entre gritos que me quedara y yo me quedé y me derrumbé. Las lágrimas me caían sin control.

Que impotencia más grande. Que mal, que culpable me sentía (y me siento) Por no saber educar a mi hija. Por no entenderla, por ceder, por ser autoritaria, por pensar que cuando le doy la mano ella me pide el brazo, la pierna y más... ando entre el cielo y el infierno siempre. Soy un ogro y luego civilizada. No me gusta ser así. Esa rabia que fluye en mi a veces me deja hecha polvo...
Y lo peor de todo es, que la eché la culpa a ella por haberme dejado en ridículo. ¿Como puedo pensar eso de ella? Algo no hicieron bien conmigo. Como puedo pensar que mi hija ha provocado esos sentimientos en mí, adrede. Vaya, que lo hiciera a posta para dejarme mal delante de todo el mundo. Ella es un bebé. Y solo quería su mantita.


Reflexiono y pienso que algo no funciona cuando sigue llorando a la salida del cole. Pero no sé el qué falla, porque en mi defensa diré que intento siempre no perder los papeles, hago todo lo posible por darle seguridad, intento transmitirle que no me voy a ir a ninguna parte. Si llora le consuelo, si esta mala, le cuido, creo que me desvivo por ella, que soy cariñosa y yo no sé qué más quiere de mí, porque, aunque tenga su mantita, TAMBIÉN llora. Y vuelta la burra al trigo, de pensar que, si monta el pollo con la mantita en las manos, dará igual que pasemos por el trance de quitársela y dejársela solo para dormir. Que es como debía ser y nunca fue.

Con lo cual, sigo perdida. Como siempre...

Eli es una niña extremadamente sensible a los cambios. Sensible para muchas cosas. Es tremendamente irascible, pero es cariñosa y buena. Y yo la quiero con todo mi corazón.

No se como bajarle el nivel de frustración, como encaminar adecuadamente esas dependencias, como canalizar emociones que nos desbordan a todos. En esas estamos. Como siempre en el tortuoso camino de la pa/maternidad.

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